jueves, 22 de octubre de 2026

Editorial

¿Estamos cayendo en el mismo juego?

Hoy juramentaron el comité que preseleccionará a los magistrados del TSJ. Hay quien celebra un paso histórico. Nosotros vemos una escena conocida: cambian las siglas y el decorado, pero el libreto es el mismo de siempre.

Imagen de la editorial: ¿Estamos cayendo en el mismo juego?
Ilustración editorial de Acentario · Acentario

Este jueves, la Asamblea Nacional designó y juramentó a los doce representantes de la sociedad civil del Comité de Postulaciones Judiciales, la instancia que preseleccionará a los 32 magistrados del nuevo Tribunal Supremo de Justicia. Hay quien celebra un paso histórico: que ahora sí hay sociedad civil, académicos de trayectoria, incluso una abogada postulada por el Foro Penal. Nosotros miramos la escena completa y vemos otra cosa: el mismo juego de siempre.

El espejo

Antes era la MUD; hoy es la PUD. Antes había diálogo; hoy hay diálogo, con su tercera ronda recién cerrada «sin acuerdos concretos», como tituló El País, y la cuarta pospuesta para noviembre. Antes la líder de la oposición estaba inhabilitada; hoy está exiliada en Panamá, después de siete intentos fallidos de regresar al país, mientras en Caracas negocia otra delegación. Y antes, como ahora, quedan presos políticos en las cárceles: 322, según el conteo del Foro Penal. El decorado se renueva; la obra es la misma.

Dónde quedó el control

Lo más revelador del comité no es quiénes lo integran, sino quiénes no necesitaron integrarlo. De los doce civiles designados, apenas dos registran vínculos partidistas en los chequeos preliminares. El chavismo no tuvo que llenarlo de fichas, porque el control está en otra parte: la comisión que filtró a los 127 aspirantes la preside un diputado del PSUV y la componen ocho oficialistas de once; el calendario lo movió la propia Asamblea dos veces —del 15 al 20, del 20 al 22 de octubre— sin dar explicaciones; las fechas las anuncia Jorge Rodríguez, leyendo el comunicado de cierre; y la elección final de los 32 magistrados la hará, voto a voto, la plenaria de mayoría chavista. El comité preselecciona; el chavismo decide. Esa es la concesión perfecta: ceder lo visible para no soltar lo decisivo.

El libreto de siempre

Es el libreto más probado de la política venezolana: sentarse a dialogar para ganar tiempo, distraer con procedimientos y dividir al adversario entre los que negocian y los que denuncian la negociación. Funcionó en 2016, funcionó en México, funcionó en Barbados. Cada ronda deja al oficialismo un poco más normalizado y a la oposición un poco más desgastada, discutiendo sobre actas, cronogramas y comités mientras lo esencial —una fecha electoral, un árbitro electoral nuevo, la libertad plena de los presos— sigue fuera de la mesa.

Y mientras tanto, la oposición concentra sus energías en videos, mensajes y declaraciones, y en acuerdos que, por bien intencionados que sean, quedan en el papel: el Gran Acuerdo que la PUD presentó hace cuatro días no compromete ni una sola fecha. El interinato, en cambio, se mueve con hechos concretos: juramenta comités, recibe presidentes, logra la reapertura de consulados y firma contratos petroleros. Esa diferencia de ritmo es, al final, la que va inclinando la balanza.

Lo que sí cambió

Sería ciego negar que hay diferencias con el país de antes del 3 de enero: Washington está sentado en el proceso, existe un consejo de revisión de credenciales con cuatro juristas de confianza de la oposición, más de 800 excarcelaciones desde enero, según el Foro Penal, se desbloquearon portales de noticias y el petróleo volvió a moverse con contratos. Son diferencias reales. Pero la balanza, mes a mes, se inclina en una sola dirección: el interinato acumula tiempo, normalidad y reconocimiento, y la oposición acumula procedimientos. El poder no se ha movido un centímetro; solo se ha vuelto más presentable.

Y afuera, la cosecha del interinato ya empezó. República Dominicana restableció relaciones plenas en agosto y reabrió su consulado en Caracas el 1.º de octubre. Chile formalizó en agosto el restablecimiento consular y esta misma semana reabrió sus consulados en Caracas y Puerto Ordaz, tras el encuentro del presidente Kast con la interina en Nueva York. El presidente de Paraguay, Santiago Peña —que hace apenas un año reconocía a Edmundo González como presidente electo—, viajó a Miraflores en septiembre, firmó una hoja de ruta de normalización y días después pidió ante la ONU el reingreso de Venezuela al Mercosur. Así empieza siempre el reconocimiento internacional del régimen: primero los consulados, después las embajadas, al final la foto. Ese primer capítulo se está escribiendo otra vez.

Por eso la pregunta de fondo no es si el comité tiene buenos nombres —algunos los tiene—. La pregunta es la de siempre, la que los venezolanos nos hacemos desde hace una década cada vez que se anuncia un diálogo: ¿volvimos a caer en el juego del chavismo?

¿Qué rompería este ciclo? El regreso de María Corina Machado a Venezuela.

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