Machado no rompe, exige
María Corina Machado no rompe con Trump. Le pide lo que él prometió: elecciones con fecha, un petróleo sin padrinos y un país al que ella pueda volver. Washington debería escucharla.
Hay una manera fácil de leer lo que dijo María Corina Machado esta semana, y es la equivocada. La lectura fácil es que se peleó con Trump. El 15 de octubre The New York Times tituló que la líder opositora 'rompe' con el presidente por el acuerdo petrolero. Pero quien escuche bien lo que dijo verá otra cosa. Machado no se fue. Sigue en la misma mesa y está diciendo lo que nadie más en esa mesa se atreve a decir.
Empecemos por lo que molesta. Desde enero, cuando cayó Nicolás Maduro, Washington eligió la estabilidad antes que la legitimidad. Puso a Delcy Rodríguez de presidenta encargada. Montó una negociación entre el chavismo y un sector de la oposición que encabeza Dinorah Figuera, y la mujer que ganó las primarias de 2023 y que hoy está en el exilio quedó por fuera. Machado lo dijo sin rodeos: Estados Unidos la dejó fuera de la mesa. El Departamento de Estado respondió que había invitado a su partido. Las dos cosas pueden ser ciertas. Ninguna de las dos le quita lo extraño a una transición democrática que se negocia sin la persona a la que más votarían los venezolanos.
Y esto último no es una opinión. La encuesta LatAm Pulse de AtlasIntel para Bloomberg, publicada el 14 de octubre, le da a Machado un 52% de intención de voto frente al 19% de Delcy Rodríguez. Treinta y tres puntos de ventaja. Con esa cifra en la mano, sentar en la mesa a la segunda y dejar afuera a la primera tiene poco de prudencia. Es miedo al resultado.
Lo segundo es el petróleo. Según la ficha que difundió la Casa Blanca, North American Blue Energy Partners, la NABEP de Alejandro Betancourt, recibió concesiones por 100 años sobre 17 campos con unos 65.000 millones de barriles, y el Pentágono se quedó con un 35% de su empresa matriz. Es el negocio más grande que se ha firmado sobre el subsuelo venezolano en décadas, lo firmaron autoridades interinas y lo ampara una ley que impone confidencialidad. Machado habló por primera vez de Betancourt y fue directa: 'corrupción obscena', y 'uno de los principales responsables del sufrimiento que padece nuestra gente'. No sería socio del Estado si ella gobierna.
Fíjense, sin embargo, en lo que no dijo. No prometió romper contratos. Dijo que se respetarán los que se firmen de forma transparente con la República. Ahí está la diferencia entre una líder y una agitadora. Machado no pelea contra la inversión estadounidense. Pide que se pueda auditar. Ya lo había dicho el 10 de octubre en el Financial Times, cuando exigió transparencia sobre los ingresos petroleros que Washington supervisa desde enero.
Lo tercero es el reloj. En esa misma entrevista resumió el desacuerdo en una frase que vale la pena repetir: 'Creo que donde hay una evaluación diferente es en el ritmo, en los tiempos'. Y puso una fecha, el 24 de julio de 2027, para unas elecciones presidenciales. Hoy la mesa de Caracas discute el TSJ, el CNE y garantías políticas, pero ninguna fecha. Sin fecha, cualquier transición se va volviendo permanente sin que nadie lo diga.
Lo cuarto es Delcy. Machado no la acepta como socia moral. La llama parte de 'esa estructura criminal' y recuerda que hay crímenes que 'no contemplan amnistía ni perdón'. Aun así reconoce que el plan de Marco Rubio tiene 'lógica' y 'racionalidad', y lo dice sin cinismo: 'si esto es por el bien de Venezuela, tenemos que avanzar'. Hasta admite que 'la presencia de Estados Unidos es lo que mantiene a Rodríguez en su lugar y avanzando en una dirección'. Eso no lo dice alguien que se fue del barco. Lo dice alguien que quiere ayudar a llevar el timón.
Washington, por su parte, manda mensajes dobles. El 5 de octubre, cuando le preguntaron si apoya el regreso de Machado, Trump contestó que es 'a very fine woman' y que 'it's all gonna work out'. El 7 de octubre Rubio negó que Estados Unidos haya pedido bloquear su entrada: 'No hemos pedido a nadie que impida la entrada de nadie en ningún lugar del mundo'. Muy bien. Entonces que se note. Su equipo dice que lleva siete intentos fallidos de volver. Si de verdad nadie la está frenando, debería ser fácil verla aterrizar en Maiquetía.
A Dinorah Figuera no hay que tratarla como enemiga. Ella misma reconoce que el liderazgo de la oposición 'indudablemente es María Corina Machado' y pide que se les devuelva el derecho a participar a todos los inhabilitados. Así debe ser. Pero una mesa que reconoce a la líder y no la sienta está aplazando el problema.
Nuestra postura en ÁCENTARIO es clara. Machado tiene razón en el fondo y acierta en la forma. Hace bien en no romper con Trump, porque sin Estados Unidos no hay transición, y hace bien en no callarse, porque una transición sin fecha, sin transparencia y sin su principal líder no es todavía una transición. La aliada incómoda es la que le dice la verdad al socio. Washington debería agradecerlo y hacer tres cosas: fijar la fecha, abrir los contratos y dejarla volver.
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