Geopolítica/Actualidad
El 25 de octubre de 1983: cuando la Guerra Fría desembarcó en Granada
La operación Furia Urgente derrocó en tres días al Consejo Militar Revolucionario de Granada y reabrió el debate sobre la intervención de una gran potencia en un país pequeño.
Al amanecer del 25 de octubre de 1983, paracaidistas del ejército de Estados Unidos descendieron sobre la pista del aeropuerto de Point Salines, en Granada. Era el inicio de la operación «Furia Urgente», la primera gran intervención estadounidense desde Vietnam, que en tres días derrocó un régimen y dejó una pregunta abierta: ¿cuándo puede un país grande intervenir en uno pequeño?
Granada, una isla de poco más de 100.000 habitantes a unos 160 kilómetros al norte de Venezuela, se independizó del Reino Unido en 1974 bajo el gobierno de Eric Gairy, cada vez más autoritario. En marzo de 1979, el Movimiento Nueva Joya, encabezado por el abogado Maurice Bishop, lo derrocó. El nuevo Gobierno Revolucionario suspendió la Constitución, encarceló opositores y se alió con Cuba y la Unión Soviética.
Washington recelaba sobre todo de una obra: la ampliación del aeropuerto de Point Salines, con una pista de casi 3.000 metros, que el gobierno granadino presentaba como impulso al turismo y la administración de Ronald Reagan como pista militar para aviones soviéticos y cubanos.
La semana en que todo se rompió
En septiembre de 1983, el ala dura del Movimiento Nueva Joya, encabezada por el viceprimer ministro Bernard Coard, presionó a Bishop para obligarlo a compartir el poder. Tras negarse, el Comité Central lo puso bajo arresto domiciliario. El 19 de octubre, una multitud de seguidores lo liberó y lo acompañó hasta el cuartel general del ejército en Fort Rupert. Allí, soldados leales a Coard fusilaron a Bishop junto a su compañera Jacqueline Creft, dos ministros y dos dirigentes sindicales. El general Hudson Austin proclamó un Consejo Militar Revolucionario.
La noticia alarmó a los vecinos del Caribe oriental. La Organización de Estados del Caribe Oriental (OECO), Barbados y Jamaica pidieron ayuda a Estados Unidos, y el gobernador general de Granada, Paul Scoon, hizo llegar en secreto una solicitud similar. Washington sumó otro argumento: en la isla vivían alrededor de mil estadounidenses, la mayoría estudiantes de medicina, cuya seguridad, decía, estaba en riesgo.
Tres días de combates
El 25 de octubre, al amanecer, unos 7.300 soldados estadounidenses y 300 caribeños desembarcaron en Granada. Los Rangers tomaron Point Salines tras un duro combate; los marines ocuparon el aeropuerto de Pearls. Las tropas rescataron a los estudiantes estadounidenses y controlaron la isla. El Consejo Militar fue detenido.
El costo humano rondó el centenar de muertos: 19 estadounidenses, 24 cubanos, 45 militares granadinos y al menos 24 civiles. Para Washington fue una victoria rápida; para sus críticos, una violación de la soberanía de un Estado de la Commonwealth. La primera ministra británica, Margaret Thatcher, manifestó en privado su desacuerdo porque no había sido consultada, aunque en público respaldó la operación. El 2 de noviembre, la Asamblea General de la ONU condenó la invasión por 108 votos contra 9, tras el veto de EE. UU. en el Consejo de Seguridad.
Un legado que divide
Tras la invasión, Granada recuperó la Constitución de 1974 y celebró elecciones libres en diciembre de 1984, que ganó Herbert Blaize. Cada 25 de octubre, la isla celebra el Día de Acción de Gracias. Y en 2009, el aeropuerto de Point Salines fue rebautizado con el nombre de Maurice Bishop.
Cuarenta y tres años después, Granada sigue siendo un caso incómodo. Para unos, la intervención evitó una dictadura militar y devolvió la democracia a la isla; para otros, sentó el precedente de que una gran potencia puede deponer un gobierno con el pretexto de proteger a sus ciudadanos. Y para los venezolanos, a 160 kilómetros de esa isla, es un recordatorio cercano de que las disputas entre grandes potencias rara vez se resuelven lejos de casa.