Política/Actualidad
El 20 de octubre de 1944: la revolución que le dio diez años de primavera a Guatemala
Hace 82 años, en la madrugada del 20 de octubre de 1944, un levantamiento de soldados, estudiantes, maestros y obreros derrocó en Guatemala al general Federico Ponce Vaides. La Junta Revolucionaria que tomó el poder hizo entonces algo que en la región era una rareza: en vez de quedarse, llamó a elecciones libres. Así empezaron los «diez años de primavera», la primera década democrática del siglo XX guatemalteco, que diez años después la CIA y una compañía frutera se encargarían de clausurar.
El alzamiento no nació de la nada. Desde 1931 Guatemala soportaba la dictadura del general Jorge Ubico, un régimen que combinaba la represión política con leyes como la «Ley de Vagancia», que obligaba a los campesinos indígenas a trabajar de forma casi gratuita en las fincas cafetaleras. En junio de 1944 las protestas universitarias desbordaron al dictador: el 25 de junio la policía mató a la maestra María Chinchilla Recinos durante una manifestación de mujeres, y el 1 de julio Ubico renunció, no sin antes dejar un triunvirato militar de su confianza.
La maniobra no engañó a nadie. El triunvirato impuso como presidente al general Ponce Vaides, que mantuvo las prácticas ubiquistas y ordenó a la policía perseguir opositores. El 1 de octubre fue asesinado el periodista Alejandro Córdova frente a su casa. Para entonces, un grupo de oficiales jóvenes —el mayor Francisco Javier Arana y el capitán Jacobo Árbenz Guzmán— y el civil Jorge Toriello Garrido ya preparaban el golpe contra el régimen.
El 20 de octubre el movimiento estalló. Según el cable que la propia Junta envió al gobierno de Estados Unidos dos días después, el movimiento revolucionario comenzó «en las primeras horas del día 20», con la buena voluntad del pueblo guatemalteco. Ponce se rindió y la Junta Revolucionaria —Arana, Árbenz y Toriello— tomó el Palacio, prometiendo devolver al país a la constitucionalidad «en el más breve plazo posible».
Lo notable vino después. La Junta derogó los decretos represivos, convocó una Asamblea Constituyente que promulgó la Constitución de 1945 y llamó a elecciones presidenciales en diciembre de 1944. Las ganó el profesor Juan José Arévalo, exiliado en Argentina durante el ubiquismo y candidato del Partido de Renovación Nacional, con más del 85 % de los votos. Arévalo asumió la presidencia el 15 de marzo de 1945 y gobernó seis años bajo su fórmula del «socialismo espiritual»: Código de Trabajo, Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, autonomía de la Universidad de San Carlos y una expansión inédita de la educación pública.
En 1951 lo sucedió el coronel Jacobo Árbenz, que profundizó la revolución con la reforma agraria de 1952, el Decreto 900, que expropió tierras ociosas de grandes fincas, incluidas las de la United Fruit Company, la bananera estadounidense que dominaba ferrocarriles, puertos y comunicaciones del país. Washington, en plena Guerra Fría, leyó la reforma como comunismo. La CIA montó la Operación PBSUCCESS: propaganda radial, sobornos a militares y una fuerza invasora comandada por el coronel Carlos Castillo Armas. El 27 de junio de 1954 Árbenz renunció. Empezaron más de tres décadas de dictaduras militares y una guerra civil que dejó más de 200.000 muertos.
¿Por qué importa hoy? La Revolución de Octubre deja dos lecciones que los venezolanos que hoy debaten la transición conocen bien. La primera: una apertura democrática es tan valiosa como frágil, y puede ser truncada desde afuera cuando toca intereses poderosos. La segunda: la primera decisión de la Junta no fue perpetuarse, sino ponerle fecha a la democracia —elecciones libres en diciembre de 1944—, mientras que ocho décadas después, en Caracas, el interinato sigue sin ponerle fecha a unas elecciones.
Y hay un tercer eco, de carne y hueso. El actual presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, es hijo de Juan José. Ganó la segunda vuelta del 20 de agosto de 2023 con el 60,9 % de los votos frente a Sandra Torres y juró el cargo en la madrugada del 15 de enero de 2024, después de repetidos intentos judiciales de bloquear su investidura. Ochenta y dos años después de aquella madrugada de octubre, la primavera tiene un heredero en el Palacio Nacional.