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El día que nació la ONU: la Carta que debía impedir otra guerra mundial
El 24 de octubre de 1945 entró en vigor la Carta de las Naciones Unidas. Nacida de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, creó la organización que todavía hoy intenta poner reglas al conflicto entre Estados.
El 24 de octubre de 1945 entró en vigor la Carta de las Naciones Unidas y, con ella, nació oficialmente la Organización de las Naciones Unidas (ONU). No fue un acto simbólico: ese día se cumplió la condición que la propia Carta establecía, la ratificación por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y por la mayoría de los demás signatarios. Desde entonces, cada 24 de octubre se celebra el Día de las Naciones Unidas.
De la Sociedad de Naciones a San Francisco
El antecedente inmediato era un fracaso. La Sociedad de Naciones, creada tras la Primera Guerra Mundial por el Tratado de Versalles de 1919, no pudo impedir las agresiones ni la escalada que desembocó en la Segunda Guerra Mundial. Sus promotores aprendieron dos lecciones: una organización sin las grandes potencias dentro quedaba vacía, y una sin reglas claras para usar la fuerza quedaba inerme.
Por eso el camino hacia la ONU se trazó mientras la guerra aún continuaba. En 1943, China, Gran Bretaña, Estados Unidos y la Unión Soviética declararon en Moscú la necesidad de una organización internacional. En 1944, en Dumbarton Oaks, esas cuatro potencias redactaron las propuestas de base. En febrero de 1945, en Yalta, se avanzó en la estructura y en el espinoso sistema de votación del futuro Consejo de Seguridad.
La conferencia decisiva se celebró en San Francisco entre el 25 de abril y el 26 de junio de 1945. Allí se reunieron delegaciones de 50 naciones, con más de 850 delegados, para redactar la Carta y el Estatuto de la Corte Internacional de Justicia. El texto se aprobó por unanimidad y se firmó el 26 de junio de 1945, con China como primera firmante. Venezuela estuvo entre las delegaciones presentes: su delegación la presidió Caracciolo Parra-Pérez, y la ONU conserva la imagen de Venezuela firmando la Carta.
Un nacimiento condicionado y un poder con veto
La firma, sin embargo, no bastó. La Carta solo entraría en vigor cuando la ratificaran China, Francia, Gran Bretaña, la Unión Soviética y Estados Unidos, además de la mayoría de los demás firmantes. Esa condición se cumplió el 24 de octubre de 1945.
El diseño resultante buscaba un equilibrio difícil. La Carta proclamó como propósito «preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra», reafirmar los derechos humanos, mantener la justicia y el respeto al derecho internacional y promover el progreso social. Creó como órganos principales la Asamblea General, el Consejo de Seguridad, el Consejo Económico y Social, el Consejo de Administración Fiduciaria, la Corte Internacional de Justicia y la Secretaría. Pero también entregó a los cinco vencedores de la guerra un asiento permanente y el derecho de veto en el Consejo de Seguridad, una concesión que garantizó su participación y, al mismo tiempo, dejó desde el primer día un límite visible a la acción colectiva.
La primera Asamblea General, con 51 naciones representadas, se reunió en Londres en enero de 1946. El noruego Trygve Lie fue el primer secretario general electo. La sede definitiva se levantaría después en Nueva York, junto al East River.
Por qué importa hoy
Ochenta y un años después, la ONU reúne a 193 Estados y sigue siendo el único foro donde todos los países del mundo se sientan en la misma mesa con las mismas reglas escritas. Su Carta sigue siendo el texto que prohíbe el uso de la fuerza entre Estados y consagra la igualdad soberana, aunque su aplicación dependa de la voluntad política de sus miembros.
Esa tensión es su historia permanente: cuando el Consejo de Seguridad se bloquea por un veto, la organización parece impotente; cuando la Asamblea, las agencias humanitarias o la Corte actúan, recuerda para qué fue creada. Para países como Venezuela, que participaron en su fundación, la fecha no es solo un aniversario lejano: es el recordatorio de que el orden internacional no nació terminado, sino como una apuesta, todavía abierta, por resolver los conflictos con derecho y diplomacia antes que con las armas.