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Hace 104 años Howard Carter halló la entrada de la tumba de Tutankamón y desató la fiebre por el Egipto antiguo
El 4 de noviembre de 1922, en el Valle de los Reyes, el equipo del arqueólogo británico Howard Carter encontró el primer peldaño de una escalera enterrada que llevaba a una tumba sellada: era la de Tutankamón, el faraón niño que llevaba más de 3.000 años oculto bajo escombros y cabañas de obreros. El hallazgo, casi intacto, se convirtió en el descubrimiento arqueológico más famoso del siglo XX.
Una última temporada de excavación
Howard Carter llevaba años buscando en el Valle de los Reyes la tumba de un faraón casi desconocido, Tutankamón, que había reinado de niño hacia 1332-1323 antes de Cristo. Muchos expertos daban el valle por agotado: se creía que todas sus tumbas habían sido saqueadas en la Antigüedad o encontradas ya. Su mecenas, lord Carnarvon, estaba a punto de retirar la financiación cuando Carter le pidió una temporada más, en 1922, y Carnarvon aceptó a regañadientes. Carter llegó a Luxor el 28 de octubre y el 1 de noviembre comenzó a limpiar la zona junto a la tumba de Ramsés VI, donde quedaban restos de cabañas de obreros antiguos.
El peldaño del 4 de noviembre
El 4 de noviembre, al despejar esas cabañas, un trabajador del equipo halló un peldaño tallado en la roca: era el inicio de una escalera descendente. Al día siguiente, la escalera completa llevaba a una puerta sellada con yeso y con el sello de la necrópolis, aparentemente intacta desde la Antigüedad. Carter, consciente de la importancia del hallazgo, volvió a tapar el hueco que había abierto y telegrafió a Carnarvon, que estaba en Inglaterra: «Por fin hemos hecho un descubrimiento maravilloso en el Valle; una tumba magnífica con los sellos intactos». Carnarvon viajó de inmediato a Egipto.
«Cosas maravillosas»
El 26 de noviembre, tras despejar el pasillo, Carter abrió un pequeño agujero en la segunda puerta sellada, acercó una vela y miró dentro. Carnarvon, impaciente, le preguntó si veía algo. La respuesta de Carter se hizo célebre: «Sí, cosas maravillosas». Ante sus ojos había muebles de oro y ébano, carros, estatuas y cofres apilados: la antecámara de la tumba, desordenada pero llena. Días después se confirmó que los sellos y cartuchos nombraban a Tutankamón. La tumba había sufrido dos robos en la Antigüedad, pero los ladrones no llegaron a la cámara funeraria y los funcionarios de la época la volvieron a sellar.
Un tesoro de más de 5.000 objetos
Vaciar y catalogar la tumba llevó casi una década. En cuatro cámaras pequeñas, Carter y su equipo documentaron más de 5.000 objetos: tres ataúdes encajados, el último de oro macizo, la famosa máscara funeraria de oro de más de 10 kilos, joyas, armas, carros, camas y alimentos para el más allá. El fotógrafo Harry Burton registró cada paso, y sus imágenes se conservan hoy en el Griffith Institute de Oxford. Tutankamón, que murió con unos 19 años, había quedado en la sombra de la historia; su tumba, en cambio, mostró al mundo el esplendor de la corte egipcia como ninguna otra.
Por qué importa hoy
El hallazgo cambió la arqueología: impuso un registro minucioso, objeto por objeto, y convirtió a Tutankamón en un icono mundial, de exposiciones itinerantes a películas y canciones. También abrió un debate que sigue vivo: el trabajo lo hicieron en gran parte obreros egipcios cuyos nombres quedaron fuera de los relatos de la época, y Egipto reclama hoy su patrimonio como parte de su historia nacional. Los tesoros se exhiben en el Gran Museo Egipcio, junto a las pirámides de Guiza. Ciento cuatro años después, la historia sigue empezando en aquel peldaño encontrado un 4 de noviembre.