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Hace 88 años, una falsa invasión marciana por radio sembró el pánico en Estados Unidos
El 30 de octubre de 1938, Orson Welles, de 23 años, dramatizó la novela de H. G. Wells con formato de noticiero en directo y miles de oyentes creyeron que la Tierra estaba siendo invadida.
La noche del domingo 30 de octubre de 1938, millones de estadounidenses encendieron la radio para escuchar música y terminaron convencidos de que el planeta estaba siendo invadido por marcianos. El responsable fue un joven de 23 años llamado Orson Welles, que aquella noche convirtió la novela La guerra de los mundos, de H. G. Wells, en un falso noticiero en directo. La emisión duró una hora, no causó víctimas ni heridos, pero quedó en la historia como la mayor confusión mediática del siglo XX.
Un genio precoz al frente del Mercury Theatre
Welles no era un desconocido. Con solo 22 años había revolucionado el teatro de Nueva York con el Mercury Theatre, su compañía propia, y en el verano de 1938 la cadena CBS le dio un programa semanal, Mercury Theatre on the Air, para adaptar clásicos literarios a la radio. Para la víspera de Halloween eligió la novela que H. G. Wells había publicado en 1898, en la que unas máquinas de guerra marcianas arrasan Inglaterra. El guionista Howard Koch trasladó la acción a Estados Unidos y la situó en el presente: la invasión comenzaría en Grover's Mill, un pueblo real de Nueva Jersey.
Una invasión contada como un noticiero
La emisión empezó a las 8 de la noche con música de orquesta, como cualquier domingo. Pronto, un locutor interrumpió el concierto con un boletín urgente: un astrónomo había observado explosiones en Marte. Minutos después, otro boletín anunciaba la caída de un objeto extraño en una granja de Grover's Mill. Un reportero en el lugar describía en directo cómo del cilindro emergían unas criaturas y cómo un rayo calcinaba a los curiosos. Después llegaron partes militares, el avance de las máquinas hacia Nueva York y el uso de gas venenoso. El programa anunció al inicio, a mitad y al final que era una obra de ficción, pero buena parte de la audiencia sintonizó tarde: muchos venían de otro programa popular que justo entonces entraba en su pausa musical y se perdieron la advertencia inicial.
El pánico de aquella noche
Las centralitas de la policía y de la CBS se saturaron de llamadas de oyentes que preguntaban si la invasión era real y qué debían hacer. En varias ciudades, familias salieron de sus casas con lo puesto, las carreteras se llenaron de automóviles y hubo quien buscó refugio en iglesias y comisarías. A la mañana siguiente, los periódicos abrieron con titulares sobre el terror: el New York Times tituló "Radio Listeners in Panic, Taking War Drama as Fact". Welles, que se enteró de la magnitud del revuelo al salir del estudio, compareció el 31 de octubre ante los periodistas y pidió disculpas, asegurando que nadie en el equipo imaginó que la dramatización pudiera tomarse por real.
¿Cuánto pánico hubo de verdad?
La historia del pánico nacional se matizó con el tiempo. El psicólogo de Princeton Hadley Cantril publicó en 1940 The Invasion from Mars, un estudio según el cual unos seis millones de personas escucharon la emisión, cerca de 1,7 millones la creyeron real y alrededor de 1,2 millones se asustaron o tomaron alguna medida. Investigaciones posteriores, como la de los profesores Jefferson Pooley y Michael J. Socolow, sostienen que los periódicos de la época exageraron el episodio, en parte porque la radio les estaba arrebatando lectores y anunciantes durante la Gran Depresión. Lo cierto es que hubo miedo real en miles de hogares, pero no la histeria generalizada que contó la prensa.
La lección que quedó
Para Welles, la noche fue un trampolín: la fama repentina lo llevó a Hollywood, donde tres años después dirigiría Ciudadano Kane. Para la radio, el episodio sirvió de advertencia sobre el poder de un medio que entraba en cada hogar con la autoridad de la voz en directo. Ochenta y ocho años después, la noche de Grover's Mill se sigue citando como lección sobre verificación y credulidad mediática. En la era de las noticias falsas y los audios virales, la pregunta que dejó aquella emisión sigue vigente: ¿cómo distinguir lo real de lo que solo suena real?