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Hace 26 años llegó la primera tripulación permanente a la Estación Espacial Internacional y nunca más quedó vacía
El 2 de noviembre de 2000, a las 4:21 de la mañana hora del este de Estados Unidos, la nave rusa Soyuz TM-31 se acopló a la Estación Espacial Internacional y tres hombres flotaron al interior de un laboratorio que hasta entonces solo había recibido visitas cortas. Eran el astronauta estadounidense William Shepherd y los cosmonautas rusos Yuri Gidzenko y Sergei Krikalev, la tripulación de la Expedición 1. Desde ese día, la estación no ha vuelto a quedar vacía: siempre ha habido seres humanos viviendo y trabajando en órbita.
Dos días de viaje desde Kazajistán
La tripulación había despegado dos días antes, el 31 de octubre, desde el cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, en plena noche de Halloween. Gidzenko pilotó la Soyuz durante el viaje de dos días hasta la estación, que entonces era mucho más pequeña que hoy: solo tenía tres módulos, el Zarya ruso, el Unity estadounidense y el Zvezda ruso, llegado en julio de ese mismo año. El acoplamiento se hizo en el puerto trasero del módulo Zvezda, sobre Kazajistán central, y tras igualar la presión entre ambas naves los tres abrieron la escotilla y entraron encendiendo las luces a su paso.
Poner en marcha una casa en órbita
La tarea principal de la Expedición 1 no fue hacer ciencia espectacular, sino convertir un cascarón en una casa habitable: instalar y activar los sistemas de soporte vital, las comunicaciones y la electricidad, desempacar equipos y preparar la estación para las tripulaciones que vendrían después. En sus 136 días a bordo recibieron a tres transbordadores espaciales y a dos naves de carga Progress sin tripulación. El transbordador Endeavour trajo en diciembre los primeros grandes paneles solares estadounidenses, que multiplicaron por cinco la energía disponible, y en febrero el Discovery llevó el módulo laboratorio Destiny, que hizo que la estación superara por primera vez en masa a la antigua Mir rusa.
Tres veteranos con perfiles distintos
Shepherd, el comandante, era un ex SEAL de la Armada estadounidense que había volado tres veces en transbordador, pero nunca más de una semana seguida en el espacio. Gidzenko y Krikalev, en cambio, traían la experiencia de las estancias largas en la estación Mir: Gidzenko había pasado 180 días en órbita y Krikalev más de un año completo. Esa combinación resultó clave para una misión en la que casi todo se hacía por primera vez, desde dormir y comer en una estación recién estrenada hasta resolver los fallos de los sistemas nuevos.
Un legado que sigue en órbita
La Expedición 1 terminó el 19 de marzo de 2001, cuando el Discovery trajo a la Expedición 2 y se llevó a Shepherd, Gidzenko y Krikalev de regreso a la Tierra, tras 141 días desde el despegue. Desde entonces, más de 280 personas de más de veinte países han vivido en la estación, se han hecho miles de experimentos y la presencia humana ininterrumpida en órbita cumplió 26 años este 2 de noviembre. La estación, que empezó como un proyecto de Estados Unidos y Rusia, sigue siendo el mayor laboratorio en órbita y el símbolo más duradero de que dos antiguos rivales pueden compartir una misma casa fuera de la Tierra.