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Hace 69 años Laika se convirtió en el primer ser vivo en orbitar la Tierra y no regresó
El 3 de noviembre de 1957, la Unión Soviética lanzó el Sputnik 2 con Laika a bordo, una perra callejera de Moscú que se convirtió en el primer ser vivo en orbitar la Tierra. El vuelo no tenía retorno: la perra murió pocas horas después del despegue por el calor dentro de la cabina, un hecho que las autoridades soviéticas ocultaron durante décadas.
Una perra callejera camino al espacio
El 3 de noviembre de 1957, un mes después del Sputnik 1, la Unión Soviética puso en órbita su segunda nave, el Sputnik 2. A bordo viajaba Laika, una perra mestiza de unos seis kilos recogida en las calles de Moscú. Su nombre original era Kudryavka, que en ruso significa «pequeña de pelo rizado», pero el mundo la conocería como Laika, el nombre de su raza. Los científicos la eligieron entre varios perros entrenados por su carácter dócil y su resistencia a las pruebas de encierro, ruido y aceleración.
Un vuelo sin regreso
El Sputnik 2 era una cápsula cónica de unos cuatro metros de alto, con una cabina presurizada y acolchada en la que Laika podía estar acostada o de pie. Llevaba oxígeno, comida y agua en forma de gelatina, un arnés que la sujetaba y electrodos que transmitían su respiración, su pulso y su presión arterial a la Tierra. Pero la nave no tenía ningún sistema para regresar: desde el principio, el viaje fue de ida. El plan oficial era sacrificarla sin dolor al décimo día, cuando se agotara el oxígeno, con comida envenenada.
Lo que la telemetría contó
Durante el lanzamiento, el pulso de Laika se triplicó por el estrés y la aceleración, pero al llegar a la ingravidez volvió a valores casi normales. Los primeros datos indicaban que estaba agitada, aunque comía. Sin embargo, algo falló en el sistema térmico: una parte del cohete no se separó como estaba previsto y la temperatura de la cabina subió sin control. Laika murió pocas horas después del despegue, probablemente en su cuarta órbita, por el sobrecalentamiento y el estrés. La versión oficial soviética sostuvo durante años que había vivido varios días y que murió sin dolor cuando se acabó el oxígeno.
La verdad, 45 años después
La verdad solo se conoció en octubre de 2002, cuando el científico Dimitri Malashenkov, que trabajó en la misión, reveló que Laika había muerto a las pocas horas del lanzamiento. El investigador Oleg Gazenko, uno de los responsables del programa, lamentó años después el sacrificio: dijo que cuanto más tiempo pasaba, más lo lamentaba, y que ni siquiera se había aprendido lo suficiente como para justificarlo. El Sputnik 2, con los restos de Laika a bordo, siguió orbitando la Tierra durante 162 días y dio 2.570 vueltas antes de desintegrarse al reentrar en la atmósfera el 14 de abril de 1958.
Por qué importa hoy
Laika demostró que un ser vivo podía sobrevivir al lanzamiento y a la ingravidez, y abrió el camino a los vuelos humanos: menos de cuatro años después, Yuri Gagarin orbitó la Tierra. Pero su historia también cambió la forma de mirar la exploración espacial: hoy se recuerda como el primer sacrificio animal de la carrera espacial y como un símbolo del debate sobre los límites éticos de la ciencia. En 2008, Moscú levantó un monumento en su honor junto al centro de investigación donde se preparó su vuelo. Sesenta y nueve años después, Laika sigue siendo el rostro más conocido de aquellos primeros pasos fuera del planeta.